No es el fin del mundo: 5 realidades sorprendentes que cambian nuestra visión sobre el planeta

Acá seguimos pensando en energía, con el libro de Hanna Ritchie, “Not the End of the World”, en realidad parte de una preocupación en común, pues es fail despertar con la sensación de que habitamos en un mundo fatal. El bombardeo constante de récords de temperatura y desastres naturales ha alimentado un fenómeno psicológico paralizante: la ansiedad climática. Es la creencia de que el colapso es inevitable, una narrativa que nos arrastra hacia una inacción o parálisis. Pero, ¿y si los datos sugirieran que, lejos de ser la generación que presenciará el fin, la generación actual, podría ser la primera en la historia con la capacidad real de lograr una sostenibilidad verdadera?

Al menos eso que lo que nos trata de decir Hannah Ritchie, científica de datos e investigadora creadora de Our World in Data, propone una tesis muy interesante: el pesimismo extremo no solo es agotador, sino científicamente inexacto. A través de un análisis tecno-pragmático, Ritchie nos invita a entender que tenemos las herramientas necesarias para desacoplar el progreso humano del impacto ambiental. No estamos ante un optimismo ciego, sino ante una hoja de ruta basada en la evidencia.

El peligro del “fatalismo” y por qué no estamos condenados

Durante décadas, la ciencia luchó contra el “negacionismo”, mientras que hoy, el campo de batalla ha cambiado. Ritchie señala una transición alarmante: hemos pasado de negar el problema a declarar que ya es demasiado tarde. Esta mentalidad es un obstáculo crítico porque conduce a la “indiferencia aprendida”, un estado donde el individuo deja de buscar soluciones al considerar que el problema es irresoluble.

El impacto es tan profundo que muchos científicos climáticos dedican hoy más tiempo a desmentir afirmaciones catastrofistas exageradas que a combatir a los propios negacionistas. Estas narrativas, a menudo basadas en proyecciones que extrapolan datos más allá de lo que la ciencia permite, dañan la salud mental de los jóvenes y restan credibilidad a las instituciones cuando los “plazos establecidos sobre el fin del mundo” no suceden o no llegan con la intensidad prometida.

“El mensaje de ‘estamos condenados’ no está necesariamente alineados con ciencia climática convencional. Mas bien, las interpretaciones de medios alarmistas resultan un obstáculo para la acción porque hace que la gente sienta que está perdiendo el tiempo al buscar soluciones”.

Sostenibilidad es progreso humano, no solo ecología

Ritchie propone una definición de sostenibilidad con dos pilares innegociables: proteger el medio ambiente para el futuro y asegurar el bienestar de la generación actual. Históricamente, estos objetivos eran antagónicos. Durante la mayor parte de nuestra historia, un bajo impacto ambiental significaba una vida precaria: alrededor del 50% de los niños no llegaban a la edad adulta.

En los últimos siglos, logramos avances asombrosos en el bienestar humano, pero a costa de quemar combustibles fósiles y destruir hábitats. El gran reto de nuestra generación es el desacoplamiento: mantener y expandir el progreso sin la huella de carbono asociada. Ritchie destaca que ya hemos avanzado en indicadores sociales clave de humanidad:

  • Reducción drástica de la mortalidad infantil.
  • Aumento global de la esperanza de vida.
  • Disminución de la pobreza extrema.
  • Mejora en la salud materna y acceso a educación.

Hoy, por primera vez, la tecnología permite que estos indicadores sigan mejorando mientras reducimos nuestra presión sobre el planeta.

La curva en “S” y el fin del dilema energético

La razón principal de este cambio de paradigma es la economía de la energía. Hemos dejado atrás la era en la que “ser verde” era un lujo caro. Tecnologías como la solar, la eólica y las baterías no siguen un crecimiento lineal, sino una curva en “S”: un inicio lento seguido de una explosión exponencial.

Ritchie critica el fallo sistemático de las agencias internacionales, que año tras año han subestimado el crecimiento solar por aplicar modelos lineales a tecnologías exponenciales. Gracias a esto, hemos alterado nuestra trayectoria: hace una década nos dirigíamos a un calentamiento de 4 o 5 grados; hoy, las proyecciones se sitúan entre 2.5 y 3 grados. Aunque este nivel sigue siendo absolutamente inaceptable y severo, demuestra que el cambio de rumbo es posible si aceleramos el despliegue de las herramientas que ya tenemos, sin esperar “soluciones milagrosas”.

La paradoja del 1% y el papel de las naciones ricas

Un argumento común en países como el Reino Unido es que sus emisiones son tan bajas (alrededor del 1%) que su acción es irrelevante. Ritchie desmonta esto con una realidad matemática con el siguiente argumento: un tercio (33%) de las emisiones globales proviene de países que emiten menos del 2% cada uno. Si todos se excusan en su tamaño, renunciamos a resolver un tercio del problema.

Además, existe una responsabilidad moral: las naciones ricas alcanzaron su estándar de vida quemando carbón. Su papel actual no es solo reducir emisiones, sino financiar el “derrame tecnológico” que en su momento ocasionaron. Mientras que los paises pobres siguen con emisiones bajas y otras preocupaciones. Al pagar el “green premium” (el alto costo inicial de las nuevas tecnologías), los países ricos impulsan la innovación y bajan los precios para que naciones como India puedan adoptar energía limpia por ser la opción más barata, no solo por ética ambiental.

Un ejemplo que hay que atender con mayor velocidad y urgencia es el transporte. En el Reino Unido, este sector ha mostrado un progreso nulo. Ritchie advierte sobre el concepto de bloqueo: cuando alguien compra un coche de gasolina hoy, está “bloqueando” emisiones durante los próximos 15 años de vida útil del vehículo. La transición debe ser inmediata para evitar este lastre.

La mentalidad de los tres círculos

Para navegar esta crisis sin caer en el cinismo o la complacencia, Ritchie utiliza una visualización esencial de su colega Max Roser. Debemos ser capaces de sostener tres pensamientos simultáneos:

  1. El mundo es un desastre: Los problemas de biodiversidad y clima son graves y urgentes.
  2. El mundo ha mejorado: Hemos resuelto problemas masivos en el pasado (como el agujero de ozono o la pobreza extrema).
  3. El mundo puede ser mucho mejor: Tenemos el potencial de crear un futuro sostenible.

“Entender que hemos resuelto problemas en el pasado nos da la herramienta y la confianza para resolver los actuales”.

Si nos quedamos solo en el primer círculo, caemos en el cinismo; si solo habitamos el segundo, caemos en la complacencia. El tercer círculo es el de la acción optimista.

Una invitación a la acción optimista

No somos una generación condenada. Somos la primera generación en la historia de la humanidad que posee los datos, la tecnología y el incentivo económico para construir una civilización que prospere en armonía con los límites planetarios. El progreso no es inevitable, pero por primera vez en siglos, es visible y alcanzable.

La ansiedad climática tiene un antídoto claro: la participación activa. Ya sea impulsando la infraestructura para vehículos eléctricos, transformando nuestros sistemas alimentarios o exigiendo la aceleración de las redes eléctricas, dejamos de ser espectadores de una tragedia para convertirnos en arquitectos. La pregunta ya no es si podemos salvar el mundo, sino qué tan rápido estamos dispuestos a construir el futuro que los datos dicen que es posible.

Ritchie, H. (2024). Not the end of the world: How we can be the first generation to build a sustainable planet (First North American edition). Little, Brown Spark.

¿El fin del crecimiento? 5 verdades incómodas sobre la energía, el poder y nuestro futuro

1. El espejismo del progreso infinito

Vivimos hipnotizados por un relato de expansión perpetua, una narrativa que ignora las leyes más fundamentales de la termodinámica. Nos hemos convencido de que el estilo de vida del consumidor suburbano promedio es un derecho universal, cuando en realidad es una anomalía histórica sostenida por un festín de energía fósil irrepetible. La crisis climática no es un error de software del sistema; es la consecuencia inevitable de una especie que ha confundido el aumento del “poder” físico con el progreso civilizatorio. Para vislumbrar el futuro, debemos desmantelar la ilusión de que podemos habitar un planeta finito bajo una lógica de crecimiento infinito.

2. El poder no es lo que crees: de los “watts” a la influencia social

Richard Heinberg desmantela la visión convencional del poder al devolverlo a su raíz científica. No es una abstracción política; es una magnitud física.
Heinberg es tajante al definir el pilar de nuestra existencia:

«La definición más básica de la potencia o el pder es… la tasa de transferencia de energía… es la base de todo lo que ocurre en el universo».

Entender esto es seguir el rastro de la energía en cada célula, ecosistema o economía. Pero los humanos hemos escalado esta capacidad física mediante “herramientas de poder” que transforman la realidad social: la comunicación, el dinero y las armas.
El dinero, lejos de ser un medio de intercambio neutral, funciona hoy como un mecanismo de distanciamiento. Al monetizar cada interacción, convertimos a los demás en meras herramientas o “signos de dólar”, erosionando el tejido comunitario en favor de transacciones frías.
Por otro lado, nuestras armas han evolucionado hacia sistemas robóticos y espaciales que amenazan con volver obsoleta a la propia humanidad. Quien controla estas herramientas no solo coordina comportamientos; dicta la supervivencia misma.

3. La falacia del “crecimiento verde” y el coche eléctrico

Existe una corriente de ambientalistas que vende un “compromiso falso”: la idea de que podemos mantener nuestra sociedad industrial de consumo simplemente cambiando los combustibles fósiles por paneles solares. Heinberg califica esta promesa de irrealista y peligrosa.

El problema no es de voluntad política, sino de escala y física de materiales. Si bien muchas soluciones funcionan a “escala de laboratorio”, son físicamente inviables a “escala industrial global”. Sectores como la aviación comercial masiva chocan con la baja densidad energética de las baterías frente al queroseno. De igual forma, la producción de cemento —base de nuestra civilización de hormigón— requiere temperaturas constantes de 1,500 °C, un reto técnico y económico que la red eléctrica actual no puede absorber sin una reducción masiva del consumo.

Sobre esta insistencia en el crecimiento perpetuo, Heinberg advierte:

«Creo que es una promesa falsa y poco realista… tenemos que desarrollar toda la capacidad de energía renovable que podamos… pero no para poder mantener una sociedad industrial de consumo».

4. Cómo los combustibles fósiles inventaron el concepto de “empleo”

Lo que hoy llamamos “profesión” o “empleo” es, en realidad, un artefacto energético. En el año 1800, el 90% de la población mundial trabajaba directamente en la producción de alimentos para sostener a una mínima élite urbana. La irrupción de los combustibles fósiles permitió que hoy, en naciones industriales, apenas el 1% o 2% de las personas cultive la tierra.
Esta liberación de mano de obra creó la urbanización masiva y miles de ocupaciones que no existían. Sin embargo, hemos olvidado que estas actividades dependen de un excedente de energía barata. El PIB no es una medida de ingenio humano puro, sino un indicador de cuánta energía estamos quemando. En un mundo post-carbono, lo que hoy llamamos “empleo” se transformará radicalmente: sin la muleta de los fósiles, no hablaríamos de urbanización, sino de supervivencia.

5. Del “Poder máximo” al “Poder óptimo”: El aprendizaje de la naturaleza

La modernidad opera bajo el “Principio de Máximo Poder”, una lógica biológica donde el sistema que más energía captura y utiliza, prevalece. Esta es la mentalidad del “colonizador” que ignora los límites hasta agotar su entorno.
Frente a esto, debemos adoptar el “Principio de Poder Óptimo”. La naturaleza nos enseña la “Teoría del Depredador Prudente”: un depredador que aniquila a todas sus presas se condena a la extinción. Los depredadores exitosos limitan deliberadamente sus capturas para asegurar que las especies de las que dependen sobrevivan.
Las sociedades indígenas, tras siglos de errores y aprendizaje, comprendieron esta autolimitación. Sabían que para sobrevivir a largo plazo, el poder debe optimizarse, no maximizarse. Nuestra única vía de escape a la extinción masiva es dejar de actuar como colonizadores de la Tierra y empezar a habitarla bajo sus reglas.

6. El tabú de la sobrepoblación: Un billón de personas cada 12 años

A pesar de ser uno de los motores principales del colapso ecológico, la sobrepoblación es un tema tabú que incluso las grandes organizaciones ambientales prefieren “suavizar” por temor a perder financiamiento o herir sensibilidades religiosas.
Aunque la tasa de crecimiento ha bajado, la escala es tan inmensa que seguimos sumando mil millones de personas cada 12 años. Es alarmante ver cómo los gobiernos de países como China o Japón entran en pánico ante el descenso de la natalidad, temiendo por la falta de “consumidores y trabajadores baratos”. Esta visión prioriza la supervivencia de un modelo económico fallido sobre la estabilidad de la biósfera. Una población menor no es una tragedia; es una oportunidad para garantizar vivienda y recursos sin devorar lo que queda del mundo natural.

7. Conclusión: Hacia una abundancia basada en la simplicidad

La verdadera transición no es un cambio de enchufe, sino un proceso de “reducción energética” o downpowering. El éxito de una sociedad no puede seguir midiéndose por el PIB, sino por indicadores reales de bienestar: seguridad material, salud de los ecosistemas y el florecimiento de las artes.
La belleza y la conexión humana son los indicadores definitivos de una civilización avanzada. Actividades como la música ofrecen una satisfacción profunda con un costo energético mínimo; un violín, construido con unos pocos trozos de madera, puede generar una vida de abundancia estética sin quemar un solo gramo de carbón.
El futuro nos exige una elección existencial: ¿estamos dispuestos a sacrificar el exceso de consumo material para dejar de ser “colonizadores” de la Tierra y convertirnos, por fin, en sus habitantes?

Extracto de un podcast OVERSHOOT May 16, 2023 Richard Heinberg Powering Down: Beyond Growth, Toward Simplicity.

Más allá del usuario: 5 provocaciones para un diseño en las ruinas del Antropoceno.

Este es una pequeña reseña que preparé del libro que coordina Martin Tironi (que ha sido junto con el de Vanessa Machado) toda una revelación para mí.

Tironi, M., Chilet, M., Marín, C., & Hermansen, P. (2023). Design For More-Than-Human Futures: Towards Post-Anthropocentric Worlding (1a ed.). Routledge. https://doi.org/10.4324/9781003319689

Durante décadas, la disciplina del diseño ha operado bajo el mantra aparentemente incuestionable del “diseño centrado en el humano” (HCD). Esta obsesión por la conveniencia, el deseo y la fricción mínima del usuario ha construido una interfaz pulida y digital que oculta las costuras de un sistema extractivo. Sin embargo, al diseñar exclusivamente para el bienestar humano pensando desde el corto plazo, hemos ignorado que nuestra existencia no es una entidad aislada, sino un nodo en una red biológica y geológica que hoy se encuentra al borde del colapso. Hemos diseñado un mundo que, paradójicamente, nos está dejando sin futuro.

Tironi nos comenta sobre su trabajo en la Bienal de Diseño de Londres 2021, en el pabellón chileno con un trabajo titulado Resonancias Tectónicas desde el Sur en donde propone una interrupción radical a seguir esta inercia. En lugar de pantallas táctiles o soluciones algorítmicas, Martín nos plantea la reflexión de un espacio que fue habitado por litófonos un instrumento rudimentario construido a base de piedras (si tienen oportunidad busquen una imagen esta muy buena) este instrumentos de piedra, siguiendo a Toronila ayuda a reconectar la práctica del diseño con la materialidad ancestral del planeta. Esta instalación no es solo un retorno romántico al pasado, sino una critica decolonial para situar al diseño en un horizonte “más-que-humano”. Debemos transitar de un diseño para el consumo a uno para la coexistencia, reconociendo que habitamos una crisis que no es técnica, sino relacional.

A continuación, expongo un breve resumen de algunos capítulos del libro que surgen como cinco provocaciones o desplazamientos para re-imaginar la disciplina en un planeta herido.

1. Del “Diseño Centrado en el Humano” al “Diseño Orientado al Planeta”

El paradigma del usuario ha “humanizado” los objetos a costa de despojar a la Tierra de su condición de base vital, reduciéndola a un mero depósito inagotable de recursos. Como plantea Martín Tironi, este enfoque es insuficiente para los desafíos del Antropoceno y el Capitaloceno, donde la escala de nuestra intervención ha dejado una cicatriz geológica irreversible. Diseñar hoy exige reconocer que no existen entidades discretas; cada intervención es una manipulación de la biósfera entera.

Como bien señala el filósofo Emanuele Coccia en el prólogo de Design for More-Than-Human Futures:

“Diseñar una taza o un sofá es dar forma, una y otra vez, a la carne de todo el planeta”.

Asumir un diseño orientado al planeta implica una “responsabilidad geográfica”. Debemos abandonar la lógica de la Matriz Moderno-Colonial que separa la cultura de la naturaleza y entender que el diseño es, en última instancia, la forma en que la Tierra se transforma a sí misma a través de nosotros.

2. La Desintoxicación Ontológica y la urgencia del “Desdiseño”

Para proyectar mundos habitables, primero debemos aprender a deshacer. Marisol de la Cadena y Arturo Escobar proponen la “desintoxicación ontológica”, un proceso de ingeniería inversa para desmantelar la “Ontología del Mundo-Uno” —esa creencia de que existe una sola realidad universal y globalizada—. Nuestro sistema actual es una “ontología negativa” que no cuestiona el daño que produce porque opera bajo la ilusión de que el humano está fuera del ecosistema.

El diseño no debe ser solo el arte de crear lo nuevo, sino la práctica política del “desdiseño”. Según el texto, esto se articula en tres frentes:

  • Eliminar: Desmantelar activamente las infraestructuras y dinámicas que sostienen la insostenibilidad.
  • No hacer: Tener la valentía ética de desistir de proyectos que, aunque lucrativos, aceleran el “defuturamiento” del planeta.
  • Rehacer: Transformar lo existente bajo lógicas de permanencia, permitiendo que las formas de vida excluidas vuelvan a florecer.

3. El Diseño “Estilo Sancocho” frente al Monocultivo Moderno

Frente a la estandarización eurocéntrica de soluciones “universales”, surge la propuesta del diseño estilo “Sancocho” de Parra-Agudelo y Rincón Quijano quienes se inspiran en el guiso latinoamericano donde múltiples ingredientes mantienen su identidad mientras crean un todo complejo, esta metáfora celebra el pluralismo ontológico.

Esta visión propone que no habitamos un solo mundo, sino una red de “intermundos” donde lo tecnológico, lo animal y lo mineral se entrelazan sin jerarquías coloniales. El diseño Sancocho no busca la pureza técnica, sino la mezcla de saberes locales y relacionales. Es una respuesta disruptiva a la pretensión moderna de dominio, recordándonos que la verdadera innovación surge de la hibridación y de escuchar las realidades que “exceden” las categorías occidentales.

4. Reparación sobre Innovación: La Ética del Cuidado

La industria del diseño vive cautivada por el fetiche de la “innovación constante”. Sin embargo, Carl DiSalvo nos invita a un “desaprendizaje” de la innovación tradicional para enfocarnos en lo que ya existe. En un planeta dañado, el acto más radical no es inventar un nuevo dispositivo, sino mantener, reparar y cuidar lo que ha sido descartado.

Pasar de una ética de la producción a una ética de la reparación implica reconocer nuestra vulnerabilidad humana. Como define Maria Puig de la Bellacasa, el cuidado es la red que sostiene la vida:

“Todo lo que se hace para mantener, continuar y reparar el mundo, de modo que todos podamos vivir en él lo mejor posible”.

Bajo esta mirada, el mantenimiento deja de ser una tarea invisible y secundaria para convertirse en el núcleo de una práctica “geo-responsable”. Reparar es, en sí mismo, una forma de resistencia contra la lógica del desecho.

5. El Prototipo como diplomacia de la fragilidad

Tradicionalmente, un prototipo es una prueba técnica para validar un éxito comercial. En el diseño post-antropocéntrico, Tironi y Hermansen proponen que el prototipo actúe como una “herramienta diplomática” o de hospitalidad ontológica. Su función no es imponer una solución, sino crear un espacio para escuchar a las especies y agentes no-humanos.

Ejemplos como los dispositivos para interactuar con pumas en cautiverio (Huilo y Maqui) o el estudio de los Frutos Microbianos de Estambul demuestran que el prototipo, en su fragilidad e inconclusión, nos permite dialogar con lo que no tiene voz humana (microbios, animales, fuerzas telúricas). La fragilidad del prototipo es su mayor virtud: al fallar, al mostrar sus grietas, nos obliga a prestar atención a las resistencias del entorno y a negociar nuestra existencia con otros seres de manera humilde y cuidadosa.

Conclusión

El proyecto de la modernidad ha sido, históricamente, el de Alejandro Magno frente al Nudo Gordiano: una voluntad de disección que prefiere “cortar” los problemas con la espada de la tecnología antes que comprender su complejidad. El diseño post-antropocéntrico nos exige soltar la espada y aprender a “surcar la Maraña”.
La Maraña es ese enredo o un entramado denso de relaciones interdependientes que nos une a la Tierra. El futuro no depende de soluciones heroicas que nos rescaten del planeta, sino de nuestra capacidad para enredarnos más profundamente en él. me quedo con una pregunta.

¿Que tan dispuestos estamos a “entramar” nuestras vidas con el planeta, habitando el nudo de nuestra fragilidad, o seguiremos intentando cortar el lazo que nos permite, precisamente, existir?

Los 5 favoritos del 2026

Esta exposición no presenta datos. Presenta decisiones.

En un contexto donde los datos suelen percibirse como objetivos, neutros o incuestionables, los trabajos aquí reunidos parten de una premisa distinta: los datos no existen por sí solos, sino que son construidos, seleccionados y narrados.

Siguiendo la visión de Jer Thorp, vivimos en sistemas donde la información no sólo describe el mundo, sino que lo configura: clasifica, jerarquiza y, muchas veces, invisibiliza . Frente a ello, estas piezas buscan recuperar una dimensión más humana y situada del dato, entendiendo la visualización no como un resultado final, sino como una forma de cuestionar cómo y para quién se produce el conocimiento.

En diálogo con la perspectiva de Sheila Pontis, los proyectos asumen que el diseño de información no puede reducirse a la claridad visual, sino que exige una comprensión profunda del problema, de las personas y de los contextos en los que la información cobra sentido .

Así, cada infografía aquí expuesta puede leerse como un artefacto cognitivo: una forma de pensar, interpretar y hacer visible lo que normalmente permanece oculto.

Más que ofrecer respuestas, esta exposición propone una pregunta abierta:

¿qué historias permiten los datos contar… y cuáles dejan fuera?

Mapas realizados por: Angel Isaac Zaldivar Archundia

Más allá del reciclaje: Por qué tu estilo de vida no es (solo) tu culpa y cómo puede cambiar realmente el mundo

Día tras día, nos enfrentamos a la misma presión: separa el plástico, apaga las luces, reduce tus vuelos, elige el producto con la etiqueta “eco”. La narrativa climática actual nos ha convencido de que la salvación del planeta depende enteramente de nuestras micro-decisiones individuales. Sin embargo, existe una frustración latente y muy real: la famosa “brecha entre valores y acción”. Por mucho que deseemos ser “verdes”, nos sentimos atrapados en rutinas, infraestructuras y horarios que parecen diseñados para ser insostenibles.

Mi diagnóstico es claro: la política ambiental contemporánea padece un error de concepto fundamental. No somos “individuos con opciones” operando en el vacío; somos, en realidad, portadores de prácticas sociales. El enfoque tradicional de “concienciación” o “sensibilización” está fallando, porque intenta cambiar mentes cuando lo que necesitamos es rediseñar la orquestación de la vida cotidiana.

1. El mito del modelo “ABC”: Una posición política disfrazada de teoría

La política climática dominante, especialmente desde la era de Tony Blair y el marco de DEFRA en el Reino Unido, se ha obsesionado con lo que la socióloga Elizabeth Shove denomina el paradigma ABC. Este modelo sostiene una lógica lineal y seductoramente simple:

  • A de Actitud (Attitude): Si cambiamos los valores y actitudes…
  • B de Comportamiento (Behaviour): …estas cambiarán el comportamiento…
  • C de Elección (Choice): …al realizar elecciones individuales responsables.

Este modelo es extremadamente atractivo para los gobiernos porque es “manejable” y desplaza la responsabilidad del Estado al ciudadano. Sin embargo, es sociológicamente ciego. Al tratar el contexto —la infraestructura, las normas, las instituciones— como una simple “barrera” externa, ignora que la vida social es un sistema complejo de retroalimentación. Shove es mordaz al respecto:

“El ABC es una posición política y no solo una teoría, en el sentido de que oscurece el grado en que los gobiernos sostienen instituciones económicas y formas de vida insostenibles, y el grado en que ellos mismos participan en la estructuración de opciones y posibilidades.” (Shove, 2010).

Al centrarnos en el “individuo heroico” que debe elegir bien, ignoramos que las opciones ya están pre-estructuradas por sistemas de provisión que vuelven la insostenibilidad el camino de menor resistencia.

2. La “Receta” de la vida cotidiana: Por qué necesitamos entornos “envirogénicos”

Para entender por qué el cambio es tan lento, debemos dejar de mirar al individuo y empezar a mirar la práctica social como la unidad fundamental. Según el marco de Shove, Pantzar y Watson, una práctica (como ducharse o cocinar) es el entrelazamiento de tres hilos:

  1. Materialidades: Objetos, herramientas e infraestructuras (la red eléctrica, las tuberías, el diseño urbano).
  2. Competencias: El “saber hacer” y las habilidades prácticas (saber usar una tecnología o evaluar qué es una comida “bien hecha”).
  3. Sentido o Significado: Valoraciones culturales y emociones (qué significa estar “limpio”, qué es el “confort” o la “normalidad”).

Una práctica solo existe cuando estos tres elementos se anudan en la ejecución. Si falta la infraestructura de agua caliente, la práctica de la “ducha diaria” desaparece. En salud pública se habla de “entornos obesogénicos” para explicar por qué es difícil estar delgado en ciudades diseñadas para el coche y la comida rápida. En sostenibilidad, debemos aspirar a crear entornos “envirogénicos”: infraestructuras y convenciones que “inscriban” la sostenibilidad de forma inevitable, convirtiéndola en la opción por defecto.

3. Nadie quiere usar energía: El consumo como daño colateral de la normalidad

Una de las ideas más potentes de Alan Warde es que la gente no consume recursos por el placer de consumirlos. Nadie abre el grifo para “consumir agua”; lo hace para estar limpio. Nadie enciende la calefacción para “quemar gas”; lo hace para habitar un hogar confortable. El consumo no es un fin, sino un “momento” dentro de la ejecución de una práctica.

“La apropiación de bienes ocurre dentro de las prácticas y no por un horizonte individual de identidad… El consumo no es una práctica en sí misma, sino un momento de todas las prácticas.” (Warde, 2005).

La industria del marketing ha entendido esto mejor que los políticos. Para potenciar el consumo, multiplican los objetos necesarios para que una práctica sea considerada “exitosa”. Pensemos en el fútbol: hace décadas bastaba un balón; hoy, la práctica “correcta” exige calzado técnico, indumentaria de marca, accesorios digitales y suscripciones a plataformas. El consumo crece porque los estándares de la práctica se vuelven más exigentes, no porque el individuo sea “egoísta”.

4. El “Ritmo Social” es más fuerte que tu bolsillo

A menudo se intenta cambiar hábitos mediante incentivos económicos (como las tarifas eléctricas dinámicas). Pero el “pulso de la sociedad” es rígido. Investigaciones de Lord, Shove y Blue, utilizando gráficas radiales de las actividades de 10,000 personas, demuestran que nuestras vidas están masivamente sincronizadas.

El tiempo no es un recurso elástico; las prácticas compiten por él en un entramado de interconexiones:

  • Sincronización masiva: No puedes mover la hora de la cena por un ahorro de diez céntimos si el horario laboral y escolar termina a una hora fija.
  • Dependencias secuenciales: Ciertas prácticas (cenar) requieren que otras (comprar, cocinar) ocurran antes en una cadena inamovible.
  • Co-locación: Las prácticas de higiene compiten por el mismo espacio físico (el baño) y el mismo bloque temporal en el hogar.

Pedir flexibilidad individual cuando la sociedad late al unísono es ingenuo. El ritmo social es una fuerza colectiva que anula casi cualquier incentivo monetario.

5. Diseño de Transición: De la “gestión heroica” a la gobernanza reflexiva

Si el modelo de arriba hacia abajo no funciona, ¿qué queda? El marco del Diseño de Transición (Kossoff et al.) sugiere un cambio profundo de mentalidad. Debemos pasar del “Gobierno” a la “Gobernanza”, entendida como redes de múltiples actores interactuando en sistemas complejos.

Esto requiere que el diseñador y el político abandonen la “gestión heroica” —la idea de que pueden predecir y controlar el resultado de una política— y adopten una postura de:

  • Apertura y autorreflexión: Reconocer que las intervenciones son experimentos en sistemas no lineales donde pequeñas acciones pueden tener efectos desproporcionados (sensibilidad a las condiciones iniciales).
  • Atención plena a la complejidad: En lugar de buscar soluciones “parche”, se busca reconcebir estilos de vida enteros que sean a escala humana, localizados, pero globalmente conectados.
  • Colaboración radical: El cambio no viene de una orden, sino de modular las dinámicas donde el Estado, el mercado y la sociedad coevolucionan.

Conclusión: Hacia una “Ecosfera de Prácticas”

El desafío climático no es un problema de “falta de información”, sino de diseño sistémico. La transición hacia la sostenibilidad no vendrá de un sacrificio heroico individual, sino del desmantelamiento de lo insostenible (el unmaking).

Necesitamos transitar de un mundo donde ser ecológico requiere un esfuerzo consciente constante, a uno donde las materialidades y significados de la vida cotidiana capturen a los sujetos en prácticas regenerativas por el simple hecho de vivir. La pregunta provocadora que debemos hacernos no es qué bombilla comprar, sino: ¿Qué infraestructuras o convenciones de la “normalidad” actual estamos dispuestos a deshacer para que la sostenibilidad deje de ser una opción y se convierta en nuestro ritmo natural? Solo cuando las prácticas sostenibles capturen a suficientes “portadores”, el pulso de la sociedad empezará a cambiar realmente.

Refernecias

Shove, E. (2010). Beyond the ABC: Climate Change Policy and Theories of Social Change. Environment and Planning A: Economy and Space, 42(6), 1273–1285. https://doi.org/10.1068/a42282

Shove, E., Pantzar, M., & Watson, M. (2012). The Dynamics of Social Practice: Everyday Life and How it Changes. SAGE Publications Ltd. https://doi.org/10.4135/9781446250655

Instituciones “sin muros” como superar las barreras institucionales que dificultan la investigación interdisciplinaria

Últimamente he estado leyendo acerca de la interdsiciplina y un colega me recomendó este libro que es una joya:

  • National Academies (U.S.), Committee on Science, Engineering, and Public Policy (U.S.), National Academy of Sciences (U.S.), National Academy of Engineering, & Institute of Medicine (U.S.) (Eds.). (2005). Facilitating interdisciplinary research. The National Academies Press.

En esta entrada les comparto algunos hallazgos de los autores, que a su vez refuerzo con lo que he vivido en carne propia respecto a los proyectos interdisciplinarios entre universidades.

La investigación interdisciplinaria enfrenta desafíos significativos debido a que las instituciones académicas suelen organizarse en torno a departamentos basados en disciplinas, una estructura que se refleja en las organizaciones de financiación, las sociedades profesionales y las revistas científicas. Esta fragmentación dificulta la resolución de problemas complejos que requieren la integración de diversos conocimientos.

Estructura jerárquica tradicional  contra una estructura de matriz ortogonal

Principales barreras institucionales

Existen diversos obstáculos que generan una resistencia persistente para los investigadores interesados en cruzar fronteras disciplinarias:

  • Sistemas de recompensa y tenencia (El famosoTenure): Los criterios tradicionales de promoción suelen valorar casi exclusivamente la investigación realizada dentro del departamento de origen, penalizando a quienes dedican tiempo a la enseñanza o investigación interdisciplinaria.
  • Estructuras presupuestarias descentralizadas: La mayoría de los presupuestos fluyen hacia las facultades y departamentos individuales, lo que deja pocos recursos centrales para financiar iniciativas transversales o compartir costos de infraestructura.
  • Diferencias culturales y de lenguaje: Cada disciplina posee sus propios valores, metodologías y lenguajes especializados, lo que puede ralentizar la comunicación y la creación de confianza mutua.
  • Tiempos de inicio prolongados: Los proyectos interdisciplinarios requieren periodos más largos de preparación para que los participantes aprendan los lenguajes y culturas de otros campos, lo cual choca con los ciclos de financiación y los plazos de evaluación de tenencia habituales.
  • Políticas de Propiedad Intelectual (PI): Los contratos de PI a menudo se diseñan de forma rígida, lo que puede “estrangular” la innovación al impedir la recombinación fluida de ideas entre diferentes colaboradores.

Algunas estrategias para superar las barreras

Para facilitar la investigación interdisciplinaria, las instituciones deben evolucionar hacia modelos más flexibles y colaborativos:

1. Reformas estructurales y organizativas

  • Implementar el Modelo de Matriz: Las instituciones pueden adoptar una estructura de matriz donde los investigadores pertenezcan a departamentos disciplinares pero se muevan libremente hacia centros o programas interdisciplinarios.
  • Nuevas estructuras de contratación: Se sugiere el uso de contrataciones por grupos (cluster-hiring) o nombramientos conjuntos (joint appointments) que vinculen a los nuevos profesores con múltiples unidades desde el inicio.
  • Espacios de interacción física: Diseñar centros de investigación con áreas comunes, como cafeterías y laboratorios compartidos, fomenta encuentros casuales y el intercambio de ideas fuera de los silos tradicionales.

2. Incentivos y recompensas

  • Modificar los procesos de evaluación: Es crucial incluir a expertos con experiencia interdisciplinaria en los paneles de revisión y permitir que el trabajo publicado en revistas no específicas del departamento cuente para la promoción.
  • Crédito por enseñanza en equipo: Las instituciones deben garantizar que los profesores reciban el mismo crédito académico por participar en cursos interdisciplinarios o tutorías compartidas (co-mentoring).

3. Financiación y liderazgo

  • Capital semilla (Seed money): El liderazgo institucional debe asignar fondos para proyectos iniciales de “prueba de concepto” que permitan a los equipos interdisciplinarios coalescer antes de buscar financiación externa.
  • Liderazgo de Estrella Polar (Pole-star vision): Se requiere de líderes que mantengan una visión a largo plazo lo suficientemente amplia para integrar metas subsidiarias y, al mismo tiempo, estar abiertos a descubrimientos inesperados durante el proceso.
  • Gestión del riesgo: Los patrocinadores deben estar dispuestos a aceptar resultados no anticipados, ya que las innovaciones más valiosas suelen ser aquellas que no pudieron predecirse al inicio del proyecto.

4. Fomento de Redes Informales

El éxito de los agentes de cambio a menudo depende más de su centralidad en redes informales que de su autoridad formal. Las instituciones pueden potenciar esto creando redes de práctica y permitiendo que los investigadores dediquen tiempo a la construcción de capital social entre diferentes comunidades de conocimiento.

11 claves para la facilitación, una visión desde el diseño de servicios.

En varias ocasiones he hablado sobre el perfil del diseñador del futuro y una de las características mas importantes de este perfile es la capacidad de convertirse en un facilitador de experiencias, servicios y dinámicas de colaboración.
Porque en sí, la colaboración entre disciplinas no es fácil, siembre utilizo la metáfora:
Para colaborar hay que desarrollar un sexto sentido como cuando saltamos una cuerda, hay que saber cuando entrar y cuando salir sin interrumpir los ritmos de la situación.

Saltar una cuerda ®Nora Morales

A continuación les doy algunos consejos clave para tomar en cuenta cuando facilitemos algún taller

1. Las actividadaes “rompehielos”

Los ejercicios de activación deben usarse con intención: ayudan a relajar al grupo, mejorar la comunicación, y preparar el cuerpo y mente para la colaboración creativa. Lo ideal es que combinen componentes físicos, espaciales y mentales, tengan un factor lúdico y se alineen con el objetivo del momento del taller.

2. La gestión del tiempo

El tiempo es una herramienta poderosa. El uso estratégico de plazos ajustados puede aumentar la energía, fomentar la producción de ideas sin perfeccionismo, y marcar el ritmo del taller. También se sugiere emplear “tiempo líquido”, acortando o alargando tiempos en secreto según la energía o necesidad del grupo.

3. El espacio físico

El espacio tiene un impacto directo en la dinámica del taller. La luz natural, la privacidad y la flexibilidad son cruciales. Se recomienda transformar espacios ordinarios en entornos creativos mediante mobiliario móvil, música, materiales visibles en las paredes y disposición cambiante para facilitar la apropiación del espacio por el grupo.

4. Herramientas y recursos tangibles

Además de materiales básicos, incluir objetos que les llamo “conviviales” son objetos inesperados (juguetes, disfraces, puzzles) que apoyen o fomentar actitudes lúdicas y experimentales, peor sobretodo propicien el diálogo. Tener materiales accesibles y variados facilita la creatividad y la participación.

5. Visualización

Las visualizaciones apoyan la claridad, la iteración rápida y la colaboración. Se fomenta el uso de dibujos simples, mapas mentales, gráficos y plantillas, incluso si no son “bonitos”. Lo importante es hacer las ideas tangibles.

6. Uso consciente de La nota adherible o “post-it

En muchos talleres es común usar notas adheribles pero no todos lo usamos de la mejor manera, la propuesta es un uso estratégico: misma forma, color y grosor para mantener coherencia visual y facilitar el agrupamiento de ideas. Enseñar a usarlos correctamente (por ejemplo: cómo despegarlos para que no se caigan, o cómo hay que escribir una idea a la vez) también ahorra pérdida de datos.

7. Uso del cuerpo y la posición del facilitador (Espacio, distancia y posicionamiento.)

La postura física del facilitador influye en el grupo. Se recomienda alternar entre posiciones visibles y periféricas según el objetivo (centrar la atención, observar, apoyar, intervenir). Usar posicionamientos triangulares en lugar de paralelos puede reducir la confrontación.

8. La Retroalimentación

El feedback puede ser informal o formal, abierto o cerrado. Se usa para redirigir, inspirar o converger ideas. Ejemplos incluyen reportes rápidos, sesiones tipo “crítica” o simulaciones tipo Dragon’s Den con expertos externos.

9. El cambiar de estatus

El facilitador puede modular su estatus (alto, igual, bajo) para influir en el grupo. Este cambio puede ser físico (posición, voz, mirada) o simbólico (uso del lenguaje). Saber cuándo bajar el estatus puede ayudar a descomprimir tensiones y conectar con el grupo.

10. Hacer en vez de hablar

Promueve una actitud de acción sobre la discusión. Construir prototipos, jugar o actuar permite desbloquear tensiones, acelerar procesos y permitir que las personas menos verbales participen. La iteración práctica supera muchas veces la abstracción verbal.

11. Desarrollarse como facilitador

La facilitación es una práctica que evoluciona. Se alienta a experimentar estilos, aprender de otros (coaches, terapeutas, educadores, improvisadores), y construir una comunidad de práctica para compartir experiencias y mejorar.

Lo anterior es una síntesis de el libro de Stickdorn sobre Service Design.

Bibliografía

Stickdorn, M., Hormess, M. E., Lawrence, A., & Schneider, J. (2018). This is service design doing: Applying service design thinking in the real world (pp. 406–415). O’Reilly Media.

EXTRA
Diseñando “con” otros, una visión sistémica

Para entender mas mi visión sobre el diseño lo pueden seguir en dos podcast en donde me han entrevistado:

Podcast “The Cube i “. Episodio 3. La Salle Radio
“Revolutionize Your World:
Despierta tu creatividad, diseña futuros regenerativos y transforma el mundo”.
Grabado el 24 de Octubre 2024
En Spotify: https://open.spotify.com/episode/1T8HEHv4PAlbYLVElw8So0?si=lW2Inr0dTfiLxPjm5A751A&nd=1&dlsi=42dfb3d5e3e2406d

Otro podcast Temporada 3 Expreso de Cienciasde la UAM Cuajimalpa
Episodio #8 Mapas, narrativas y diseño – Con Dra. Nora Angélica Morales Zaragoza

El diseño va más allá de la estética; también es una herramienta para organizar, comunicar e impulsar el cambio. En este episodio, la Dra. Nora A. Morales Zaragoza nos habla sobre la importancia de la visualización de datos, la cartografía y las narrativas visuales en el diseño de información. Desde su trabajo en gráficos para televisión hasta su investigación sobre mapas y agencia, exploramos cómo el diseño nos ayuda a entender el mundo y tomar mejores decisiones. ¡Acompáñanos en esta conversación llena de creatividad y conocimiento! 🎙️✨

Liga a la charla:

La teoría de la creación de sentido de Brenda Dervin

Acabo de leer un artículo de Brenda Dervin (una de las pioneras de la teoría del Diseño de Información) quien aboga por una mayor integración de una metateoría del diseño de información, especialmente centrada en el estudio de la búsqueda y el uso de la información por parte de los seres humanos. En su artículo del 1999, titulado: “On studying information seeking methodologically: theimplications of connecting metatheory to method”. Dervin critica los enfoques tradicionales que separan a la teoría, el método y la práctica, proponiendo en su lugar su Metodología “Sense-Making”, un marco dinámico centrado en el usuario que considera a los individuos como teóricos de sus propias vidas.
El argumento central de Dervin es que la metodología debe evolucionar para reflejar la naturaleza fluida, temporal e interpretativa de la creación de sentido humana, en lugar de verse limitada por paradigmas estáticos y estructuralistas.

Brenda se hace 3 preguntas que invitan a la reflexión:

  • ¿Cómo podría el enfoque metodológico de Dervin alterar la forma en que diseñamos sistemas de información para grupos marginados o menos representados?
  • ¿Hasta qué punto su postura metodológica “Sense-Making” puede mantener el rigor científico al mismo tiempo que promover la crítica social y la emancipación?
  • ¿De qué manera el posicionamiento del investigador como un co-autor de la creación de sentido desafía o mejora las nociones de objetividad en la investigación cualitativa?

Lo interesante es que el planteamiento que Dervin se imagina, no es lineal, sino que se basa en relaciones dialécticas fluidas y aborda los espacios intermedios de la investigación, la teorización y la experiencia vivida.

Pero vayamos avanzando, primero hay que discernir a que se refiere Dervin con el concepto de “Sense-Making” que la autora describe como un puente meta teórico.

La Teoría del Sense-Making -más concretamente, la Metodología del Sense-Making (SMM)- fue desarrollada por Brenda Dervin a principios de la década de 1970. Se trata de un marco metateórico centrado en la comunicación para estudiar cómo las personas dan sentido al mundo que les rodea, especialmente en contextos de búsqueda, uso y comprensión de la información.

Pero no se trata sólo de un método. sino que, al mismo tiempo se trata de:

  • Una meta-teoría (porque tiene una base filosófica),
  • Una metodología (describe cómo pensamos los métodos),
  • Un marco de investigación (nos dice cómo diseñar y realizar diferentes estudios).

La idea principal es que los seres humanos intentamos constantemente «llenar lagunas» de nuestra comprensión a medida que avanzamos en el tiempo, el espacio y los contextos. Para ello, utilizamos diversas estrategias de búsqueda de sentido, que pueden ser lógicas, emocionales, experienciales, espirituales o sociales.

Dervin describe 6 componentes calve de la teoría de la creación de sentido:

  1. La metáfora de la brecha
    Los seres humanos se encuentran en una «situación» y se enfrentan a una «brecha» o «laguna» (una necesidad de información o una confusión). Para avanzar, construyen un «puente» utilizando:
  • Recursos internos (experiencia, emoción, memoria)
  • Recursos externos (información, ayuda, herramientas)

Esta sencilla metáfora subyace en toda la investigación sobre la Creación de Sentido:

Situación (actual) ——— Brecha———> Resultado deseado

  1. Los humanos como teóricos
    El segundo componente ve a la persona común y corriente, no como receptora pasiva del conocimiento de los expertos, sino como «teóricos de su propia vida», quien interpreta y reinterpreta constantemente su experiencia.
  1. Verbos, no sustantivos
    En lugar de etiquetar a las personas o los sistemas con categorías estáticas (sustantivos), La “creación de sentido” hace hincapié en los procesos (pebsar en verbos):
    – No «un usuario» → sino una persona que busca, lucha, sueña
    – No «información» → sino el acto de crear sentido en un contexto
  1. Metodología entre las fisuras
    (algo que ya habíams visto con la Teoría de la Actividad de Kaptelinin y Nardi, (2009))
    Dervin sostiene que las metodologías tradicionales hacen demasiado hincapié en la estructura, el control y la previsibilidad ignorando el contexto individual, la emoción y la resistencia

La teoría de Crear-Sentido pretende situarse «entre las fisuras» de estos sistemas rígidos, permitiendo la fluidez y la complejidad.

  1. Movimiento espacio-temporal
    El quinto componente entiende que tanto las personas como los significados no son estáticos. La creación de sentido siempre toma en cuenta
  • El pasado (historia y experiencia),
  • El Presente (contexto actual), y
  • El Futuro (objetivos, esperanzas, temores)
  1. Dialógico y reflexivo
    Finalmente Dervin piensa que los investigadores no son extraños al objetivo de estudio, sino creadores de sentido que participan en el proceso de estudio y de los que se espera que reflexionen sobre sus supuestos, las dinámicas de poder y su influencia.

Dervin pone un ejemplo en el contexto sanitario y nos dice que en lugar de limitarse a preguntar si ¿el paciente ha recibido las instrucciones del médico?

Desde el enfoque de Crear-Sentido uno se debe preguntar

  • ¿Que confunde al paciente?
  • ¿Qué barreras emocionales se interponen en el proceso?
  • ¿Cómo explicaba su enfermedad con sus propias palabras?
  • ¿Qué entidades o agentes (Dios, la tecnología, la memoria, la familia o los instintos) les ayudan o le obstaculizan?

En Resumen:

La teoría de la creación de sentido es un planteamiento filosófico y metodológico que considera a las personas como agentes activos y contextualizados que se dedican constantemente a dar sentido al mundo acortando la distancia entre lo que saben y lo que necesitan saber. Rechaza los modelos rígidos y verticales de flujo de información y los sustituye por un proceso de investigación fluido, comunicativo y centrado en las personas.

Respecto a la información

El artículo de Brenda Dervin ofrece un replanteamiento profundo, crítico y multidimensional de la «información». En lugar de tratarla como un concepto fijo o universal, Dervin la deconstruye a través de la lente de su metodología. Algunos aspectos que destaca de esta visión son:

La información no es una entidad universal y ni estática.
A pesar de que suele estar vinculada a la autoridad de expertos, instituciones y sistemas.
Dervin la considera como algo que hace toda la gente.
A pesar de que la mayoría de los estudios tradicionales sobre infomración se centran en los aspectos cognitivos de la búsqueda de información. Dervin sostiene que cuando un paciente dice: “me lo ha dicho mi cuerpo”‘ o “me lo dijo Dios”‘ está diciendo cosas con sentido». La información puede proceder de la experiencia corporal, las emociones y sentimientos, el conocimiento espiritual o intuitivo.

También critica la noción de tratar a la información como el objetivo:
Por ejemplo: Una vez que el usuario obtiene la información, el proceso está completo.

La información como puente entre los mundos material e interpretativo
Hace hincapié en el proceso de navegar por las brechas, las luchas y la creación de sentido:
y nos dice que información siempre está situada entre:

  • La realidad material (por ejemplo, hechos, instituciones).
  • los diferente mundos interpretativos (por ejemplo, experiencia personal, significado

La creación de sentido rechaza la idea de una interpretación «correcta» de la información, en su lugar, considera a la información:

  • Sujeta a controversia
  • Siempre incompleta
  • Potencialmente útil o perjudicial

Lo anterior abre la puerta a investigar ¿cómo distintas personas interpretan la misma información de formas muy diferentes?.

Para Dervin

La información es una situación social con fluidez temporal, No es “atemporal” como comúnmente se percibe. sino que está ligada a un momento, y su significado cambia con el tiempo y el contexto.

Podemos decir que Dervin reivindica a la «información» de sus raíces tecnocráticas, lineales y definidas por expertos, y la transforma en un constructo humano, fluido, desordenado y centrado en el significado.

Diferencias entre el concepto de Sense-Making

Brenda Dervin y Karl Weick usan términos similares—“Sense-Making” (Dervin) y “Sensemaking” (Weick), sin embargo están hablando de conceptos muy distintos en fundamento filosófico, objetivo, y campo de aplicación. En el siguiente marco podemos ver algunas de estas diferencias.

Tabla comparativa de Sense-making elaboración propia.

Bibliografía

Dervin, B. (1999). On studying information seeking methodologically: The implications of connecting metatheory to method. Inf. Process. Manag., 35, 727–750.

El diseño en el contexto de la complejidad

Exposición "Biophilia" tomada por Nora Morales en el Museo de Arte de Denver, Co. 9 de junio 2024

En el artículo “Why Is Design Always Talking About Complexity?”, publicado recientemente por el Instituto de Diseño (ID) del Instituto Tecnológico de Illinois (IIT) en Chicago. Jarrett Fuller charla con las académicas Maura Shea y Kim Erwin sobre lel diseño para el cambio a gran escala.

En resumen las académicas destacan cuatro ideas clave en evolución del diseño en el contexto de la complejidad que vale la pena tomar en cuenta.

  • Pensamiento Multisistémico: El artículo hace referencia al concepto de “multisistema” de Jay Doblin, que es un sistema de sistemas. Se anima a los diseñadores a pensar más allá de productos o sistemas individuales y considerar el contexto más amplio en el que operan estos sistemas. Este enfoque es especialmente relevante en campos complejos como la atención médica.
  • Cambio en el Enfoque del Diseño: El papel del diseño ha cambiado de crear objetos tangibles (por ejemplo, sillas, logotipos) a diseñar sistemas y visualizaciones. El rol del diseñador ahora incluye imaginar nuevas formas de hacer las cosas y sugerir alternativas, en lugar de solo resolver problemas.
  • Creación Colectiva de Significado: El artículo destaca un cambio hacia un enfoque más democrático y participativo en el diseño, donde el significado se crea colectivamente por aquellos que se ven afectados por las soluciones, en lugar de ser dictado por el diseñador.
  • Evolución de las Herramientas de Diseño: Con el auge de la economía digital y tecnologías como la IA, las herramientas y procesos del diseño han evolucionado significativamente. Existe una tensión entre los métodos tradicionales de elaboración y producción y las nuevas herramientas digitales que están cambiando rápidamente.

Me llama la atención el énfasis que se hace en el pensamiento sistémico en el diseño y el reconocimiento de la creciente complejidad de los contextos en los que operan los diseñadores. 

Sugieren también (una idea que en lo personal también comparto) sobre  el rol de los diseño como disciplina se está expandiendo, y que requiere que los diseñadores se involucren más profundamente con los aspectos humanos y organizacionales de su trabajo, para facilitar procesos de diseño más colectivos y participativos.

Les dejo la liga al articulo por si quieren explorar mas.

https://id.iit.edu/story/why-is-design-always-talking-about-complexity-2/

Cómo crear equipos colaborativos

Viniendo de regreso de vacaciones, me encontré este libro compendio de los 10 artículos destacados de Harvard Business Review, que se titula “On Teams”; aún no he leído todos, pero el artículo titulado:
“Eight Ways to Build Collaborative Teams” de Lynda Gratton y Tamara J. Erickson.

Portada de libro sobre fondo madera, Nora Morales

Este artículo me llamó particularmente la atención porque es una investigación que hicieron Lynda Gratton y Tamara Erickson, en su artículo del 2007 que estudia el comportamiento de 15 compañías multinacionales con respecto a la colaboración y la paradoja que descubrieron.

Debido a la complejidad y variedad de tareas en el mercado laboral, la conformación de equipos ha aumentado en su tamaño y su diversidad, al igual que en presencia virtual a distancia. Aunque estos cambios son necesarios para enfrentar las problemáticas complejas, estos equipos generalmente compuestos por especialistas altamente calificados, también suponen desafíos significativos que pueden obstaculizar la colaboración ya que esas mismas características les impiden llevar a cabo las cosas

Las autoras nos dicen que en las condiciones adecuadas, estos equipos pueden lograr altos niveles de cooperación, pero es necesario crear condiciones que requiere inversiones cuidadosas y, a veces, importantes, en la capacidad de colaboración en toda la organización.

Para ponerlo de otra manera, las autoras descubrieron una paradoja, ya que las cualidades requeridas para alcanzar el éxito son las mismas que lo obstaculizan.

¿Les suena familiar?

Mientras mayor es la educación de los miembros de un equipo, la colaboración se compromete aún mas en la operación del mismo, de hecho, de acuerdo con su investigación, existe una correlación en el aumento proporcional del número de expertos y la disminución de productividad, así como el aumento de conflicto y el estancamiento de proyectos.

Las autoras concluyen con ocho principios que pueden ayudan a las organizaciones a maximizar la efectividad de equipos complejos y diversos, aseguran que si los seguimos es mas factible que la inversión en capacidades de colaboración se traduzca en éxito para los proyectos desafiantes.

Ocho Maneras para construir equipos colaborativos:

  1. Inversión en prácticas de relación distintivas: Las empresas deben invertir significativamente en construir y mantener relaciones sociales dentro de la organización. Estas prácticas deben ser memorables y difíciles de replicar.
  2. Modelar el comportamiento colaborativo: Los ejecutivos deben demostrar comportamientos colaborativos y ser modelos a seguir, promoviendo una cultura de colaboración.
  3. Crear una “cultura de regalos”: Fomentar una cultura en la que las interacciones se perciban como valiosas y generosamente ofrecidas, similar a un regalo, en lugar de una transacción.
  4. Asegurar las habilidades necesarias: Proveer formación en habilidades de colaboración como la apreciación de los demás, la resolución de conflictos y la gestión de programas.
  5. Apoyar el sentido de comunidad: Promover actividades y eventos que construyan un sentido de comunidad y apoyen la creación de redes informales dentro de la empresa.
  6. Asignar líderes orientados a tareas y relaciones: Los líderes de equipo deben ser flexibles, alternando entre enfoques orientados a tareas y a relaciones según las necesidades del proyecto.
  7. Aprovechar las relaciones heredadas: Formar equipos que aprovechen relaciones preexistentes para incrementar la confianza y facilitar la colaboración desde el inicio.
  8. Claridad en los roles y ambigüedad en las tareas: Definir claramente los roles individuales dentro del equipo, pero permitir cierta ambigüedad en el enfoque hacia la consecución de objetivos para fomentar la creatividad y la colaboración.

Acá les dejo la bibliografía del artículo

Gratton, L. y Erickson, J. T. (2007) “Eight Ways to Build Collaborative Team”. Harvard Business Review, recuperado el 2 de agosto de 2024 de https://hbr.org/2007/11/eight-ways-to-build-collaborative-teams